Desde que el jazz se transformó en una música popular culta, alejándose de sus humildes orígenes en Nueva Orlénas primero, y de los campos algodoneros donde surgieron el blues y el jazz, transformándose en una música para las clases medias e intelectuales, el jazz poco a poco comenzó a engullir diversas tradiciones musicales. Y fue a mediados del pasado siglo que tanto en Estados Unidos como en Francia algunos jazzistas descubrieron que podían hacer suya la tradición de la música culta a través de su particular lenguaje citadino. Con el tiempo el jazz haría suyos todo tipo de géneros, fundiéndolos en nuevas manifestaciones cada vez más alejadas de su origen: el tango, es un ejemplo de ello, el rock otro. El flamenco no podía ser la excepción.

Miriam Méndez es una pianista española que reúne estas tres orgullosas tradiciones musicales en un disco en verdad deslumbrante. Su único disco hasta ahora, Bach por flamenco, en el que mezcla el flamenco con el jazz para acometer las complejas partituras del maestro de Köthen en una asombrosa unidad que se aleja por completo de sus raíces, y se inserta más en el ámbito del flamenco jazzeado. Este es un disco en verdad lleno de eso que Federico García Lorca llamaba duende, y que más allá del exceso del género flamenco, que pesa más que el jazz, se alimenta de este último para ofrecernos un disco inolvidable, y uno de los ejemplos más depurados de algo que ya es característico de nuestro tiempo: la debilidad de los llamados géneros puros. Un disco maravilloso y sorprendente, lleno de pasión humana, algo ajeno a Bach, pero no a nosotros.

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